Un grupo de alumnos de cuarto curso del grado en Publicidad, Relaciones Públicas y Marketing, dentro de la asignatura Creatividad Publicitaria han cambiado su clase habitual por un escenario incomparable: la playa del Sardinero de Santander.

La idea, que parte de su profesor, Jaime Álvarez, consistía en la realización en El Sardinero un ejercicio práctico para hacer una gráfica fotográfica con la idea de promocionar la playa en invierno.

Un alumno de CESINE buscando su idea para la actividad
Un alumno de CESINE buscando su idea para la actividad

“Hemos organizado esta actividad para buscar escenarios nuevos y diferentes que puedan estimular su creatividad”, destaca Jaime Álvarez. “Nos encontramos en un punto del temario en el que estamos poniendo en práctica el nacimiento del concepto creativo. Hoy en día todo va muy rápido, y a la hora de pensar o crear ideas esa rapidez hace que caigamos en los primeros pensamientos que se nos vienen a la cabeza, esas primeras ideas que también se le pueden venir a más creativos y por lo tanto no ser buenas ideas. Todo está digitalizado y el alumno tiene la tendencia de empezar a pensar escribiendo en la barra de Google”, explica Álvarez.

El profesor de CESINE quiere trabajar “el proceso de pensar, de mirar dentro de nuestra cabeza evitando ver qué han hecho otros (cosa que se realiza después para no condicionarnos)”. “Es por eso que en esta actividad el alumno ha ‘probado’ el producto, ha salido fuera del aula y ha podido sentir lo que tiene que vender. Tenían que pensar una gráfica para promocionar la playa en invierno, y es por eso que fueron a la playa, un día de invierno. A observar, a sentir a entender lo que tienen que vender. Este proceso no siempre puede hacerse, pero en la medida de lo posible sería bueno que el publicista probase lo que tiene que vender”, añade.

Un grupo de alumnos durante la clase en El Sardinero
Un grupo de alumnos durante la clase en El Sardinero

El objetivo general de la actividad propuesta por Jaime Álvarez ha sido que el alumno se “alejara de las pantallas, que mirase dentro de sí mismo y sintiese lo que tiene que vender, que recibiese nuevos estímulos y se animase a hacer lo mismo para futuros proyectos”.

“Vivimos conociéndolo todo gracias a internet, pero no llegamos a sentir nada de lo que hablamos o en este caso vendemos y eso desemboca en una publicidad lineal, sin un buen concepto. No podemos emocionar a los demás si nosotros mismos no hemos sentido una emoción”, concluye el profesor de CESINE.